El aislamiento internacional de Sudáfrica y sus efectos sobre la independencia de Namibia
La independencia de Namibia en 1990 significó el fin de uno de los regímenes coloniales más violentos y degradantes de la historia: tras más de setenta años de dominar África del Sur, el apartheid se disolvió en la larga guerra independentista. César B. Martínez nos cuenta en este ensayo cómo fue que la batalla en la arena internacional inclinó la balanza a favor de los grupos rebeldes de un modo decisivo para el fin del dominio colonial en la región.
El Apartheid en crisis, 1960-1980
César B. Martínez Álvarez
Namibia, la última colonia en África del Sur, logró su independencia de la República Sudafricana en 1990, después de una larga lucha en foros diplomáticos, organizaciones internacionales y en el campo de batalla; se trató de un movimiento que, por desarrollarse de forma paralela a las contiendas de liberación de los pueblos sudafricano o angoleño, dos de los momentos más álgidos en la historia de la descolonización, ha carecido de la misma notoriedad.
No obstante, representó una de las guerras más sangrientas y devastadoras de África, que terminó con más de 70 años de un dominio colonial silencioso y agónico. Desde el comienzo, los contendientes tuvieron fuerzas muy desiguales, pues la SWAPO (South West Africa People’s Organization, que fue el principal grupo namibio independentista y el partido político en el poder desde hace más de dos décadas) no era más que un conjunto aislado de guerrilleros, mientras que el régimen del Apartheid sudafricano era el más consolidado, estable y poderoso del continente.
El gobierno de Pretoria se rehusó, durante medio siglo, a conceder la autonomía a África del Sudoeste (nombre oficial de Namibia durante el periodo colonial y hasta 1968); los líderes políticos del Apartheid estuvieron dispuestos a desplegar todos los medios a su disposición, incluso los militares, para mantener la posesión del territorio. Sería el efecto de factores externos al conflicto el elemento que inclinaría la balanza a favor de los rebeldes.
El argumento de este ensayo es que la independencia de Namibia fue posible, en buena medida, gracias a la crisis en las relaciones internacionales de la República Sudafricana entre 1960 y 1975. Las dificultades del Apartheid se manifestaron en dos ámbitos: el multilateral (que propició un aislamiento de Pretoria en las organizaciones mundiales y las capitales de Europa y América del Norte, debido a la ocupación ilegal de África del Sudoeste y el rechazo a la política de segregación racial) y el regional (que resultó de la descomposición de los regímenes de minoría blanca en los países vecinos y del auge del «panafricanismo militante» entre los Estados independientes del continente).
Es decir, las condiciones normativas internacionales y el entorno estratégico regional coincidieron con las demandas de los movimientos independentistas namibios; este contexto externo, que actuó como un elemento de presión al régimen de Pretoria, sólo tenía como objetivo parcial la independencia de la colonia, pues la demanda principal de la comunidad internacional se relacionaba con la abrogación de las leyes que constituían el Apartheid. No obstante, fue un elemento crucial en la decisión final de aceptar la independencia de Namibia.
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I.
El caso de la independencia de Namibia muestra los efectos de cambios en el sistema internacional en las opciones y límites para las políticas estatales; el régimen sudafricano enfrentó tanto al rechazo normativo en el ámbito mundial (lo que fue evidente en organizaciones internacionales), como la hostilidad política y militar en el continente africano. A pesar de la relevancia de estos factores, cabe señalar que representan sólo una parte de la ecuación que finalizó con la autonomía y liberación de la última colonia en África; es decir, se trata de variables necesarias -mas no suficientes- para explicar el fenómeno de la independencia de Namibia.
Martha Finnemore analiza cómo las normas morales pueden representar variables sistémicas que afectan los estándares de acción aceptables de parte de organizaciones estatales o movimientos sociales[1]. Para la autora, los criterios humanitarios o éticos modelan los intereses de los actores, en tanto que esos intereses dan forma a la acción política. Sin embargo, resulta importante señalar que las consideraciones normativas sólo crean condiciones permisivas para la actividad estatal, pero no la determinan, pues siempre entran en juego otros intereses: orden político, económico o estratégico. A pesar de ello, son un elemento crucial.
Esta lógica puede aplicarse al caso del aislamiento internacional de la República Sudafricana. El entorno normativo internacional de la década de 1960 elogiaba y defendía los movimientos anticolonialistas, la autodeterminación de los pueblos y las luchas independentistas (destacan, por ejemplo, la Resolución 1514 de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre la concesión de independencia a los países y pueblos coloniales de 1960, así como el auge del movimiento de los no alineados a partir d 1954).
Al mismo tiempo, en los años siguientes, los derechos humanos comenzaron a adquirir vigor en la retórica de las potencias occidentales, particularmente durante la presidencia de James Carter en Estados Unidos (1977-1981). Es decir, la subyugación colonial de un pueblo y la aplicación de leyes de segregación racial, que databan en Namibia por lo menos durante las primeras décadas del siglo XX, comenzaron a hacerse cada vez menos tolerables para la comunidad internacional, debido a las transformaciones en el contexto normativo. A ello se debe que la posesión de África del Sudoeste se hiciera más onerosa para el régimen de Pretoria en términos políticos frente a la presión de las organizaciones internacionales y de países prioritarios para Sudáfrica, como Reino Unido, Estados Unidos o Suecia.
Las transformaciones en el entorno normativo internacional se sumaron a cambios geopolíticos en África, que incrementaron aún más el costo de mantener la colonia. Peter Gourevitch argumenta que las exigencias estratégicas del sistema internacional limitan, en buena medida, las opciones de política interna de un Estado, además de los efectos que tiene en su estrategia diplomática[2]. Como se verá más adelante, la independencia de un buen número de posesiones coloniales y el establecimiento de regímenes hostiles a Sudáfrica representó un incremento en la amenaza a Pretoria, que ahora enfrentaba un vecindario visiblemente más conflictivo que en las décadas anteriores. Buena parte del rechazo de los nuevos Estados africanos surgía de la posesión de Namibia, por lo que la aplicación de las leyes que habían regido a la colonia por años sólo incrementaba la tensión entre la República Sudafricana y sus vecinos.
De esta manera, los cambios sistémicos tienen efectos en el rango de opciones de política interna disponibles a los Estados. Como se ha podido notar, estas transformaciones pueden abarcar elementos normativos (auge del movimiento de descolonización y surgimiento de los derechos humanos) y geopolíticos (desmantelamiento de los regímenes dominados por las minorías blancas en el sur de África). A pesar de esto, es importante recalcar que sus efectos no son automáticos ni definitivos. Se trata, como se mencionó líneas arriba, de condiciones para la acción de Estados y movimientos sociales, mas no de causas únicas.
Ahora corresponde analizar cómo la ocupación colonial de África del Sudoeste, las leyes del Apartheid y el surgimiento del africanismo militante contribuyeron al aislamiento internacional de la República Sudafricana; finalmente, se verá cómo esta crisis del régimen de Pretoria contribuyó a la consumación de la independencia de Namibia.
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II. Antecedentes de la ocupación sudafricana de Namibia: aspectos legales y políticos
Durante la Primera Guerra Mundial, la Unión Sudafricana apoyó a los aliados contra los Imperios Centrales y ocupó Windhoek, la capital de África Alemana del Sudoeste, el 12 de mayo de 1915[3]. En la Conferencia de Paz de París se decidió que el mandato sobre la colonia se concedería a la Unión, la cual inició su administración el 1 de enero de 1920[4]. Se esperaba que en virtud del mandato sudafricano el pueblo de África del Sudoeste alcanzara el bienestar y la preparación necesaria para ejercer el autogobierno[5]; la realidad fue que sólo se agudizaron los problemas de la administración alemana, es decir, la usurpación de tierras, la segregación racial y la explotación laboral[6].
Debido a la emigración de granjeros blancos afrikáners, la población blanca del territorio se duplicó de 1919 a1926, apesar del regreso de 6 mil alemanes a Europa[7]. Los colonos obtuvieron apoyo desde Pretoria para construir canales de riego, presas, viviendas y empresas. La otra parte de la política sudafricana en el mandato de África del Sudoeste fue la reclusión de los grupos étnicos indígenas en reservas, que eran lugares áridos, alejados de la costa y aislados; estas zonas servían también como dormitorio para los negros que trabajaban en negocios, minas, ferrocarriles y granjas de propietarios blancos[8].
El caso de África del Sudoeste no fue el único intento de expansión territorial sudafricana; después de la creación de la Unión[9] en 1910, la minoría blanca gobernante buscó aumentar su territorio a costa de las colonias vecinas, esto es, Basutolandia (Lesotho), Swazilandia, Bechuanalandia (Botswana), África Oriental Portuguesa (Mozambique) y África Occidental Portuguesa (Angola). A pesar de las negociaciones con Lisboa y Londres, la empresa fracasó, pero quedó como antecedente de las intenciones expansionistas de la minoría regente de Pretoria[10]. De esta manera se configuró el dominio colonial de Sudáfrica sobre Namibia, lo que constituyó la primera fuente de rechazo hacia Pretoria en la comunidad internacional.
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III. El Apartheid
El régimen del Apartheid, la otra fuente de rechazo internacional, fue un conjunto de leyes que promovía la separación racial y «el desarrollo por separado» de cada grupo étnico. Los gobiernos del National Party[11], asociación política nacionalista afrikáner, fueron los creadores del sistema a partir de 1948, cuando ganaron la mayoría de los escaños en el parlamento. Desde Pretoria se diseñó el modelo de Estado autoritario para la mayoría negra y de democracia efectiva e incluyente para la minoría blanca[12].
Las primeras disposiciones racistas incluían la clasificación de la población –blancos, africanos y mestizos– (1950), la prohibición de matrimonios entre miembros de «razas» diferentes (1949), el retiro del seguro de desempleo a los africanos (1948), la creación de autoridades indígenas locales leales al gobierno de Pretoria (1951) y la autorización al ejecutivo para demoler propiedades africanas en zonas ilegales[13].
En 1950 se declararon fuera de la ley, mediante el Acta de Supresión del Comunismo, las organizaciones que promovieran el cambio social o político mediante la ilegalidad, especialmente si eran de afiliación marxista. También se prohibieron las reuniones, manifestaciones y publicaciones africanas. La ley más importante del primer gobierno delNational Party fue el Acta de Áreas de Grupo de 1951, la cual establecía el mecanismo de separación racial mediante la reubicación de grupos étnicos completos, la usurpación de las mejores tierras y la creación de reservas raciales[14].
Las protestas de la población africana comenzaron el 1º de mayo de 1950 en Johannesburgo, con un saldo de 18 africanos muertos; debido a esto, el African National Congress (movimiento social y político fundado en 1912 en contra de la discriminación racial oficial en Sudáfrica; después de la caída del régimen del Apartheid en 1994 ha sido el partido dominante) llamó a la desobediencia civil a partir del 26 de junio de 1952.
El gobierno nacionalista respondió, ya a comienzos de 1953, con el Acta de Seguridad Pública, que otorgaba prerrogativas al ejecutivo para declarar Estado de emergencia y gobernar sin el Parlamento. También se promulgó una ley que imponía penas severas a los que practicaran la resistencia civil. La minoría blanca reiteró su apoyo al partido en el gobierno en las elecciones generales de 1953; el National Party ganó la mayoría absoluta en el Parlamento y el United Party[15]quedó en segundo escalafón.
A pesar de las protestas africanas llevadas a cabo en 1955 y la disolución del Congress of People[16] mediante la fuerza policial, el National Party arrasó en la elección del 16 de abril de 1958, pues la seguridad de los blancos se había convertido en la principal preocupación del electorado sudafricano, tanto afrikáner como angloparlante. Con esto se demuestra que el régimen racista tenía el apoyo de las clases urbanas y rurales blancas, que otorgaron su voto de confianza en cada elección.
La resistencia continuó; sin embargo, el mundo dirigió su atención a Sudáfrica el 21 de marzo de 1960, cuando la policía asesinó a 69 africanos manifestantes e hirió a 178. Ala matanza siguió la declaración de Estado de emergencia y el arresto de 11 mil 279 africanos, 98 blancos y 90 indios. A partir de esa fecha comenzó el auge del Apartheid; se delegaron poderes de tiempos de guerra a los militares para prevenir nuevas manifestaciones y el gobierno obtuvo autorización para interrogar y arrestar disidentes sin orden judicial; fue así que, para 1964, la República Sudafricana tenía los mayores poderes que gobierno alguno hubiera tenido en tiempos de paz en ese país.
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IV. Aislamiento diplomático de Sudáfrica en los foros multilaterales: entre la ilegalidad de la ocupación colonial y el rechazo moral
La manifestación más importante del aislamiento diplomático de Sudáfrica fue el rechazo en los foros multilaterales (tanto al Apartheid como a la posesión de África del Sudoeste), que se remonta a la fundación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Después de la derrota de Alemania en 1945, Sudáfrica quiso aprovechar su participación en el esfuerzo bélico para adjudicarse África del Sudoeste; con la llegada del National Party al poder en 1948, la posición de los delegados ante la Asamblea se radicalizó, pues declararon que los vínculos mandatarios de 1919 se habían terminado junto con la Sociedad de las Naciones[17]. La Corte Internacional de Justicia determinó que el mandato era vigente y que se tenían que respetar sus condiciones[18].
Debido a que las resoluciones de la Asamblea General contra Sudáfrica eran inútiles, Liberia y Etiopía[19], que recibieron el apoyo de la Organización para la Unidad Africana, iniciaron un proceso contra Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia, con base en el artículo 7º del Acuerdo de Mandatos y el 37º del Estatuto de la Corte[20]. El objetivo era lograr un fallo que obligara al cumplimiento de las obligaciones del mandato; a pesar de esto, en 1966, la Corte declaró que Liberia y Etiopía no tenían jurisdicción en los asuntos de África del Sudoeste[21].
Como respuesta, la ONU declaró en 1968 que el pueblo de Namibia (el nuevo nombre oficial de África del Sudoeste) tenía todos los derechos que otorgaba la carta y que el mandato de Sudáfrica había desaparecido, pues el gobierno de Pretoria falló en el intento por conseguir bienestar moral y material para los habitantes del territorio; la administración de Namibia pasaría a la ONU.
La resolución, sin precedentes, tuvo pocas consecuencias para la población africana de Namibia; coincidió con una radicalización de la política de Pretoria hacia el territorio, basada en el informe de la Comisión Odendaal, que recomendaba la formación de homelands similares a los bantustanes[22]; el discurso gubernamental decía que los africanos alcanzarían la igualdad y el respeto a los derechos humanos en esas áreas de reserva étnica[23]; el problema era que las regiones destinadas se caracterizaban por áridas y pobres, lo que causaba la oposición africana[24].
La oposición en Namibia se radicalizó, creando el People’s Liberation Army of Namibia. Pretoria reaccionó con el juicio a 37 disidentes, entre los que se encontraba el líder de la organización, quien recibió una pena por más de 20 años de prisión[25]. El Consejo de Seguridad condenó al régimen sudafricano mediante las resoluciones 245 y 246 de 1968; sin embargo, no hubo acuerdos sobre la forma de aplicar las sanciones legales. El representante norteamericano declaró que la presión que ejerció sobre Pretoria no había surtido efecto, pero que no podían tomarse medidas más radicales. Los países europeos, a pesar de ser contrarios a las políticas racistas del Apartheid, aplicaron de manera muy distinta las sanciones; Francia buscaba proteger sus inversiones en el sur de África, mientras que Alemania suprimió las ventajas fiscales de Sudáfrica y canceló el acuerdo aduanero bilateral. La política británica fue muy distinta, pues tenía un sentido más pragmático; en 1970 el gobierno autorizó a la Comisión Británica de Energía Atómica para celebrar contratos en la mina Rössing, lo que violaba las resoluciones del Consejo de Seguridad y contradecía las declaraciones de los delegados británicos en la Asamblea General.
En 1973 se rompió el diálogo de Sudáfrica con la ONU y en diciembre de 1974 el veto de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia (sus principales socios comerciales) impidió la expulsión de la República Sudafricana de la Organización. El rechazo internacional hacia el régimen de Pretoria alcanzó su punto más álgido, al menos en el aspecto diplomático[26].
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V. Aislamiento regional de Sudáfrica: entre el africanismo militante y el establecimiento de nuevos Estados
El aislamiento geopolítico y militar tuvo dos causas simultáneas relacionadas con las fuentes de rechazo normativo internacional: la ocupación colonial de Namibia y la aplicación del programa del Apartheid. La primera de ellas fue el derrocamiento de las minorías blancas en los Estados de la Línea del Frente (África Oriental Portuguesa, África Occidental Portuguesa, Bechuanalandia, Rhodesia del Norte y Rhodesia del Sur) a partir de 1965 y hasta 1975, el cual dejó a la República Sudafricana, de gobierno blanco, en medio de una región que ahora se regía por africanos. La segunda razón fue el ascenso del africanismo militante en los países recién independizados y en los que habían alcanzado su libertad la década anterior. Para estos Estados, Sudáfrica representaba un remanente del colonialismo europeo, tanto en su territorio como en Namibia, de modo que era una amenaza para sus vecinos.
El panafricanismo fue un movimiento de reacción contra el dominio colonial; la lucha fue difícil y sus pioneros adquirieron un sentido nacionalista continental, que debía incluir unidad e independencia, en palabras de Sekou Touré[27]. El movimiento panafricanista fue uno de los motores de la política del continente en los primeros años de la ola de descolonización, pues denota un intento de hacer un frente común al «enemigo europeo».
Los foros principales de discusión de los asuntos de la agenda africana fueron, además de las sesiones en la Asamblea General[28], las reuniones de líderes africanos; la primera de ellas fue la Conferencia de Accra (1958), seguida por la Conferencia de Túnez (1960) y la Conferencia de El Cairo (1961); estas cumbres dieron como resultado la unión del Grupo de Monrovia y del Grupo de Casablanca en la Organización para la Unidad Africana en 1963[29], basada en el compromiso de no injerencia y en la creación de un Comité para la liberación africana, especialmente la de África del Sur.
El panafricanismo no tuvo los efectos que se esperaba, pues muchos de sus líderes desaparecieron de la escena política antes de 1970 y hubo problemas en su organización; no obstante, fue una muestra de la disposición que las naciones recién independizadas tuvieron hacia los movimientos de liberación en África del Sur, así como del rechazo que inspiraba el gobierno blanco de Pretoria. Es importante señalar que el movimiento panafricanista ocurrió al mismo tiempo que la crisis diplomática sudafricana, de modo que contribuyó a aislar al régimen afrikáner.
A pesar de la oposición del panafricanismo militante, el régimen sudafricano pudo sentirse seguro hasta mediados de la década de 1960, pues era el Estado más rico del continente y tenía el mejor ejército de la región[30], de modo que ninguno de sus rivales podía hacerle frente. Otro aspecto importante del entorno geopolítico de África del Sur era la permanencia de minorías gobernantes blancas en los países vecinos a la República[31].
A mediados de 1960 el panorama era ya distinto, pues el gobierno de Sudáfrica, después de su retiro de la Commonwealth Británica, se había dado cuenta de la pérdida del apoyo de la antigua metrópoli y de la necesidad de arreglar sus asuntos externos por sus medios; comenzó así la conciencia de su nuevo papel en el continente, ejemplificada en el discurso gubernamental con la outward policy[32].
La principal relación bilateral de Sudáfrica era la que mantenía con el régimen de Marcelo Caetano en Lisboa. Pretoria temió la caída del gobierno colonial en Lourenço Marques[33] y Loanda[34] en manos del FRELIMO (Frente de Libertação de Moçambique, movimiento de liberación nacional fundado en 1962; después de la consumación de la independencia en 1975 se convirtió en el partido político dominante hasta el presente) y del MPLA (Movimento Popular de Libertação de Angola, principal movimiento anticolonial en Angola; luchó la guerra de independencia contra Portugal de 1961 a 1975 y fue el grupo vencedor en la guerra civil; desde entonces ha sido la fuerza política principal en el país), respectivamente, de modo que apoyó económicamente el desarrollo de las posesiones portuguesas con el financiamiento de infraestructura en Cabora Bassa, Ruacana Falls y Kunene River[35].
Sudáfrica necesitaba también afianzar los lazos comerciales con sus vecinos, dado el embargo de la ONU. Pretoria nunca quiso extender su apoyo económico al ámbito militar. Mozambique logró su independencia el 25 de junio de 1975 y Samora Machel se convirtió en el primer presidente del país, de filiación marxista[36], mientras que Angola hizo lo propio a fines de 1975; de este modo, Sudáfrica ya no podía contar con el apoyo de regímenes de minoría blanca en la región de África del Sur en contra de la mayoría negra.
Las otras dos relaciones bilaterales que cuidaba Pretoria eran con el régimen de Ian Smith en Salisbury[37] y el de Kenneth Kaunda en Lusaka. Robert Mugabe, líder de una fracción del Patriotic Front, logró derrocar al gobierno blanco en 1980 e instauró un gobierno antisudafricano y de filiación marxista al igual que el de Kaunda; esto muestra la descomposición del sistema regional basado en la preeminencia del régimen del Apartheid sudafricano[38] y en la debilidad de los países periféricos pues ahora la actitud había cambiado: la «solidaridad colonial» que había prevalecido hasta 1975 desapareció con la caída de Ian Smith en Salisbury y Marcelo Caetano en Lisboa.
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VI. El aislamiento de Sudáfrica: la condición para la independencia de Namibia
La política interna de Sudáfrica, es decir, las leyes que crearon el régimen del Apartheid y la administración del mandato sobre Namibia como la quinta provincia de la República, fueron la causa del repudio internacional, que se tradujo, por un lado, en sanciones diplomáticas, legales y económicas y, por el otro, en el aislamiento en África del Sur, que se había liberado de los gobiernos blancos entre 1965 y 1980.
Es importante señalar que estos cambios en las relaciones internacionales de Sudáfrica no fueron decisivos para que Namibia lograra su independencia, pues fueron necesarios más de 20 años de lucha armada entre Sudáfrica, las fuerzas del MPLA y el PLAN (People’s Liberation Army of Namibia, ala militar de la SWAPO durante la guerra de independencia de Namibia), así como esfuerzos diplomáticos en el ámbito internacional, la creación del Grupo de Contacto y la mediación de políticos preeminentes como el ex presidente finlandés, Martti Ahtisaari, y el primer ministro sueco, Olof Palme; no obstante, los movimientos de protesta y las sanciones contra el régimen racista y totalitario de Pretoria, originados en la ONU, la OUA, los gobiernos europeos, las cumbres africanas y las guerrillas del sur del continente, proporcionaron a la disidencia de Namibia legalidad y legitimidad, así como recursos económicos y políticos para llevar a cabo su lucha.
En otras palabras, el movimiento de independencia de África del Sudoeste fue favorecido por transformaciones sistémicas en los ámbitos normativo y geoestratégico. Por una parte, la lucha por la independencia de un régimen abiertamente racista y segregacionista adquirió vigor frente a la retórica anticolonial y de autodeterminación de los pueblos que dominaba las principales organizaciones internacionales del mundo. La guerra de independencia de Namibia tuvo cada vez más adeptos políticos en la comunidad internacional al mismo tiempo que las prácticas del Apartheidllegaban a un punto intolerable.
Por la otra, el auge del panafricanismo -que veía en la consumación de las independencia del continente uno de sus objetivos primordiales- se sumó a la caída de los regímenes de minoría blanca en la subregión de África del Sur; en conjunto aceleraron y profundizaron el aislamiento internacional del régimen de Pretoria e incrementaron la legitimidad del movimiento de independencia de Namibia, lo que tuvo como consecuencia el inicio de la última fase de la guerra, que finalizaría en 1991.
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[1] Martha Finnemore, «Constructing Norms of Humanitarian Intervention», en Peter Katzenstein (ed.) The Culture of National Security: Norms and Identity in World Politics, Nueva York, Columbia University Press, 1996, pp. 153-185.
[2] Peter Gourevitch, «The Second Image Reversed: The International Sources of Domestic Politics», en International Organization, volumen 32, número 4, otoño de 1978, pp. 881-912.
[3] Peter Katjavivi, A History of Resistance in Namibia, Londres, J. Currey, 1988, p.12.
[4] Las antiguas colonias alemanas y algunos territorios del Imperio Otomano se convirtieron en mandatos; el objetivo era alcanzar el desarrollo necesario para el autogobierno. Se dividieron los territorios de acuerdo con su tamaño, densidad de población, cercanía a los centros de «civilización», contigüidad a la potencia mandataria. El documento que reguló este régimen internacional fue el Acuerdo de los Mandatos; a Gran Bretaña correspondió Tanganyka y la mitad del Camerún y Togolandia, a Bélgica los territorios de Ruanda y Burundi, a Francia la otra mitad del Camerún, a Australia la Nueva Guinea Alemana, a Nueva Zelanda las Islas Samoa, a Japón las Islas del Pacífico y a Sudáfrica el África Alemana del Sudoeste como mandato de tipo C, es decir, el menos preparado para el autogobierno. (Ruth First, South West Africa,Londres, Penguin Books, 1963, pp. 94-96.)
[5] P. Katjavivi, op. cit., pp. 13-14.
[6] R. Fisrt, op. cit., pp. 106-116.
[7] Robert J. Gordon, «The Impact of Second World War on Namibia», en Journal of Southern African Studies, volumen 19, número 1, marzo de 1993, pp. 148-149.
[8] International Defence and Aid Fund for Southern Africa, Namibia: the Facts, Londres, A.G. Bishop & Sons LTD, 1980, pp. 14-15.
[9] En 1909, el Parlamento británico votó la South African Act, que daba autonomía al país dentro de la Commonwealth, creando así la Unión Sudafricana el 31 de mayo de 1910. Esta Unión estaba basada en una serie de compromisos entre las distintas minorías blancas. De este modo, no había capital única: el Parlamento se reuniría en Ciudad del Cabo, el ejecutivo en Pretoria y el tribunal supremo en Bloemfontein; la Unión Sudafricana era un dominio británico de mayoría. Desde el punto de vista racial había bóers y colonos de origen británico, indios, bantúes, bosquimanos y hotentotes. (Pierre Bertaux, África. Desde la prehistoria hasta los Estados Actuales, trad. de Manuel Ramón Alarcón, Madrid, Siglo XXI, pp. 183-184.)
[10] Ronald Hyam, Failure of South African Expansion, 1908-1948, Nueva York, Africana, pp. 23-27.
[11]El general J.B.M. Hetzog fundó en National Party en 1914, después de la ruptura con Louis Botha y Jan Smuts; el principal objetivo del partido era proteger y alentar los intereses de los afrikáners frente a los ingleses; llegó al poder en 1924, cuando se unió en coalición con el Labour Party. En 1934, cuando se fusionó con el South African Party de Smuts, Jean Francois Malan rompió con Herztog y fundó el Purified National Party, que llegó al poder en 1948. Los tres primeros gobiernos fueron el del propio Malan, de 1948 a 1954, el de Johannes Gerhardus Strijdom, de 1954 a 1958 y el de Hendrik Frensch Verwoerd, ideólogo del Apartheid, de 1958 a 1966. (Christopher Saunders y Nicholas Southey,Historical Dictionary of South Africa, Metuche (Nueva Jersey), Scarecrow, 1983, s.v. National Party).
[12] A principio del siglo XX, la situación entre los blancos que hablaban inglés y los afrikáners era más o menos igual, pero la tasa de natalidad de estos últimos era mayor y para 1950 la proporción era 60 por ciento afrikáners y 40 por ciento ingleses. Es importante señalar que los anglófonos eran mayoritariamente urbanos; los afrikáners, rurales. (P. Bertaux, op. cit., p.265.)
[13] Alex Hepple, South Africa. A political and economic history, Londres, Frederik A. Praeger, 1966, p. 153.
[14] Loc. cit.
[15] El partido de mayoría angloparlante.
[16] A. Hepple, op. cit., p. 160.
[17] U.O. Umozurike, «International Law and Self-Determination in Namibia», en The Journal of Modern African Studies,volumen 8, número 4, verano de 1970, pp. 588-589.
[18] Estos principios, definidos en el los artículos 2, 3 y 4 del Acuerdo de Mandatos, eran la no anexión del territorio, la búsqueda del bienestar material y moral de sus habitantes, aceptación de la jurisdicción del Consejo de Mandatos de la Liga y poderes completos de administración y legislación. (Loc. Cit.)
[19] Miembros de la antigua Sociedad de Naciones y cofundadores dela Organización de las Naciones Unidas.
[20] Cuando un tratado o convención vigente disponga que un asunto sea sometido a una jurisdicción que debía instituirla Sociedad de las Naciones, o ala Corte Permanente de Justicia Internacional, ese asunto, por lo que respecta a las partes en este Estatuto, será sometido ala Corte Internacional de Justicia.
[21] Margaret P. Karns, «Ad Hoc Multilateral Diplomacy: The United States, the Contact Group and Namibia», enInternational Organization, volumen 41, número 1, diciembre de 1987, pp. 95-96.
[22] Los bantustanes se crearon bajo el gobierno de Daniel F. Malan, por medio de la «Bantustan Authorities Act». El principio consistía en formar territorios (ocho, según se había previsto) donde los africanos, al principio bajo la supervisión de los blancos, debían ser «retribalizados» para que reencontraran su identidad racial en una comunidad propia, progresivamente elevada a la autonomía. El primer bantustano que se organizó, el Transkei, que es el hogar étnico de los xosos, fue llamado a votar por primera vez en noviembre de 1963, formando su primer gobierno autónomo. (P. Bertaux, op. cit., p.266.)
[23] Donald Denoon y Balam Nyeko, Southern Africa since 1800, Londres, Longman Group, 1972, pp. 197-200.
[24] Peter Fraenkel, Les Namibiens, París, Entente, 1976, p.51.
[25] Ibid., p.52.
[26] El rechazo de los gobiernos occidentales tampoco era nuevo; el primer ministro de la Gran Bretaña, Harold Macmillan, contribuyó a este clima mediante el discurso Wind of Change en Ciudad del Cabo, un mes antes de que ocurriera Sharpeville., donde se ponía de manifiesto la necesidad de quela Sudáfrica blanca se diera cuenta de la existencia del nacionalismo africano dentro y fuera de sus fronteras.
[27] Leandro Rubio García, «El discurrir del panafricanismo en un mundo de Estados africanos independientes», Revista de Estudios Políticos, documento PDF, s.l., s.f., obtenido dewww.cepc.es/rap/Publicaciones/Revistas/13/RPI_120_047.pdf, p.54.
[28] John W. Harbeson (ed.), Africa in World Politics, Boulder (Colorado), Westview, 1991, p.34.
[29] L. Rubio, op. cit., pp. 56-57.
[30] La South African Defence Force se creó en 1912; después del armisticio de 1945, el gasto militar se redujo. En 1960 el no rebasaba los 50 millones de dólares; para 1965 se había elevado hasta los 210 millones. Además, para esa fecha Sudáfrica era prácticamente autosuficiente en la producción de armas, debido al embargo promovido por la Organización de las Naciones Unidas. (Christopher Saunders y Nicholas Southey, Historical Dictionary of South Africa, Metuche (Nueva Jersey), Scarecrow, 1983, s.v.Military).
[31] Wolfgang Benz y Hermann Gram (eds.), El siglo XX. v. 3: Los problemas mundiales entre los bloques de poder, trad. de Carlos Martín Ramírez y Vicente Romano García, México, siglo XXI, p.334.
[32] J. E. Spence «South African Foreign Policy: The “Outward Movement”», en Christian P. Polthom y Richard Dale (eds.), Southern Africa in Perspective. Essays in Regional Politics, Londres, Collier Macmillan Publishers, pp. 48-49.
[33] Actualmente Maputo, capital de Mozambique.
[34] Actualmente Luanda, capital deAngola.
[35] J. E. Spence, op. cit., pp. 51-53.
[36] James D. Sidaway y David Simon, «Geopolitical Transition and State Formation: The Changing Political Geographies of Angola, Mozambique and Namibia», Journal of Southern African Studies, volumen 19, número 1, marzo de 1993, p.7
[37] Actualmente Harare, capital de Zimbabwe.
[38] Hilda Varela, «La integración en la región sur de África: entre la utopía y el realismo político», Estudios de Asia y África, volumen 40, número 2, mayo-agosto 2005, pp. 311-313.
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César B. Martínez Álvarez(México, 1989) Estudiante del sexto semestre de Relaciones Internacionales en El Colegio de México.




